Mitologias
  Mitos de la Creacion
 

Mitos de la creación

Para una mentalidad realista y racional como la helénica resultaba muy difícil la comprensión de la eternidad y del vocablo infinito; era más lógico pensar que todo había tenido un principio, incluso los dioses. Si acaso hay <algo> que, en la mayoría de los relatos mitológicos sobre la creación parece preexistente, es el Caos, abismo sin fondo, espacio abierto sumido en la oscuridad en donde andaban revueltos todos los elementos: el agua, la tierra, el fuego y el aire. Nada tenía en él forma fija y durable, todo estaba en constante movimiento con inevitables choques, los elementos congelados contra los abrasadores, los húmedos contra los secos, los blandos contra los duros y los pesados contra los ligeros.
Es decir el Caos es el Vacio primordial, pero concebido como un enorme recipiente para albergar elementos en forma desordenada. Caos es a la vez Nada y Algo, ¿materia y antimateria o en realidad un primer dios? Pronto se produciría lo que empleando, términos actuales sobre el origen y expansión del Universo, llamaríamos el Big-Bang, la gran explosión que arruinaría al caos y provocaría lo que en el Génesis se relata como Creación por obra de Yahvé, único Ser Supremo.
 
La creación según Hesíodo
 Según Hesíodo, en un principio sólo existía el Caos. Después emergió Gea (la tierra) de ancho pecho, morada perenne y segura de los seres vivientes, surgida del Tártaro tenebroso de las profundidades, y Eros (el Amor), el más bello de los dioses.
Del Caos nada podía esperarse, hasta que de la acción de Eros, principio vital, salieron Erebos (las tinieblas), cuyos dominios se extendían por debajo de Gea en una vasta zona subterránea, y Nix (la oscuridad o la noche). Erebos y Nix tuvieron amoroso consorcio y originaron al Eter y Hemera (el Día), que personificaron respectivamente la luz celeste y terrestre.
Con la luz, Gea cobró personalidad, pero como no pudo unirse al vacío Caos, comenzó a engendrar sola y así mientras dormía surgió Urano (el Cielo Estrellado), un ser de igual extensión que ella, con el fin de que la cubriese toda y fuera una morada celestial segura y eterna para los dioses bienaventurados. También produjo las altas montañas, para albergue grato de las divinales Ninfas, que escogieron para ello frondosos bosques.
Urano contempló tiernamente a su madre desde las elevadas cumbres y derramó una lluvia fértil sobre las hendiduras secretas, naciendo así las hierbas, flores y árboles con los animales y las aves, que formaron como un cortejo para cada planta. La lluvia sobrante hizo que corrieran los ríos y al llenar de agua los lugares huecos se originaron así los lagos y los mares, todos ellos deificados con el nombre de Titanes: Océano, Ceo, Crío, Hiperión, Cronos; y Titánidas: Temis, Rea, Tetis, Tea, Mnemosine y Febe; de ellos descendieron los demás dioses y hombres. Pero como si Urano y Gea quisieran demostrar que su poder estaba por encima de todo, crearon otras hijos de horrible aspecto: los tres Cíclopes primitivos, llamados Arges, Astéropes y Brontes, quienes tenían un solo ojo redondo en el medio de la frente y representaban respectivamente el rayo, el relámpago y el trueno y eran inmortales (uno de los descendientes fue astutamente engañado por Ulises, tal como nos lo cuenta la Odisea), y muchos de éstos ya mortales fueron muertos por Apolo para vengar la violenta desaparición de Asclepio del mundo de los vivos (sus espíritus habitaban las cavernas del volcán Etna en Sicilia). Finalmente, engendraron a los Hecatonquiros o Centimanos, tres hermanos con cincuenta cabezas y cien brazos cada unos que se llamaron Coto, Briarea y Giges.
Por su parte la Noche por sí sola engendrado a Tánatos (la muerte), a Hipno (el sueño) y a otras divinidades como las Hespérides, celosas guardianas del atardecer cuando las tinieblas empiezas a ganar la batalla de la luz diurna, fenómeno que se repite cada día; las Moiras (Parcas), defensoras del orden cósmico, representadas como hilanderas que rigen con sus hilos los destinos de la vida; Némesis, la justicia divina, perseguidora de lo desmesurado y protectora del equilibrio.

 

Otros Mitos de la Creación en el Escenario Helénico
El Primero de ellos se atribuye a los pelasgos, uno de los pueblos primitivos que según la tradición habitaron Grecia, en él s advierte una evidente postura matriarcal basada en la concepción primigenia de una Diosa Madre, que se generalizaría en el mundo mediterráneo Oriental, dice así:
En el principio Eurínome, la Diosa de todas las cosas, surgió desnuda del Caos, pero no encontró nada sólido en que apoyar los pies y, a causa de ello, separó el mar del firmamento y danzó solitaria sobre sus olas en dirección sur, y el viento Norte llamado también Boreas, puesto en movimiento tras ella, le sugirió que sería un buen instrumento para iniciar una obra creadora. Eurínome se dio entonces la vuelta y se apoderó de aquél y lo frotó entre sus manos hasta que dio origen a la enorme serpiente Ofión.
A continuación la diosa, que tenía frío, bailó para calentarse cada vez más agitadamente, despertando el deseo carnal de Ofión. quien sin pensarlo tres veces se enroscó en el cuerpo de Eurínome y la poseyó con lujurioso deleite. Así fue como Eurínome quedó encinta.
Después se transformó en paloma y se posó sobre las olas y a su debido tiempo puso el Huevo Universal. A petición suya Ofión se enroscó siete veces alrededor del huevo hasta que se empolló y dividió en dos. De él salieron todos los seres y elementos que componen en Cosmos: el sol, la luna, las estrellas, la tierra con sus montañas, ríos, mares y lagos, sus arboles, hierbas y criaturas vivientes.
Eurínome y Ofión fijaron su morada en el monte Olimpo. Cuando Ofión irritó a su compañera, arrogándose el título de autor del Universo, ésta le pegó tan tremendo puntapié que le arranco los dientes y los arrojó a las oscuras cavernas situadas bajo la tierra.
Seguidamente la diosa creó siete potencias planetarias y colocó una Titánide y un Titán en cada una: Tía e Hiperión para el Sol; Febe y Atlante para la Luna; Dione y Crio para el planeta Marte; Metis y Geo para Mercurio; Temis y Eurimedonte para Júpiter; Tetis y Océano para Venus; Rea y Cronos para Saturno. Guardadores todos de la sucesión del tiempo.
Sin embargo, en esta armoniosa <creación> faltaba el hombre, y entonces apareció Pelasgo, brotado de los dientes de Ofión enterrados en los abismos de Arcadia y precursor de otros que lo aclamaron como jefe culturizador, pues de él aprendieron a construir chozas, a alimentarse de bellotas y a coser túnicas de piel de cerdo.
Dioses y hombres se hallaban sometidos a sus oponentes sexuales femeninos y todos, en definitiva, rendían culto a la Gran Diosa Madre. La mujer constituía así el sexo dominante y el hombre aparecía como su víctima asustada. Semejante concepción mitológica debía ser imaginada por una sociedad matrilineal en la que se atribuía el papel engendrador, no al varón, sino al viento o a la ingestión de habichuelas por la futura madre o bien a la deglución de un insecto. En este caso Eurínome actúa como Creador, a semejanza de Yahvé en el Génesis, sólo que aquí en lugar de un Dios asexuado único y supremo es una diosa. Por su parte las culebras, símbolos de Ofión, son consideradas como reencarnaciones de los muertos.
Homero consideraba que todos los dioses y seres vivientes surgieron del Océano que circunda el mundo y que Tetis fue la gran madre universal. Por su parte, los helenos iniciados en los misterios órficos creían que la noche de las alas negras, diosa por la que incluso Zeus, el futuro padre de los dioses helénicos clásicos, sentía un temor reverente, fue seducida por el Viento y puso un huevo de plata en el seno de la Oscuridad del que salió Eros o Fanes (el sol), que impulsó el movimiento del Universo. Eros tenía cuatro cabezas (las cuatro estaciones), alas doradas y doble sexo. A veces rugía como un león, mugía como un toro, balaba como un carnero o silbaba como una serpiente. Vivía en una cueva junto con la Noche que se manifestaba en forma de tal, del Orden o de la Justicia. Rea era la madre universal que tenía como misión tocar un tambor de latón para que los hombres se sintieran atraídos a la consulta de los oráculos de la diosa. Eros creó el cielo, el sol y la luna, pero su gobierno perteneció a la diosa hasta que Urano la destronó.

Finalmente señalaremos dos mitos a los que el citado Robert Graves consigna con el apelativo de filosóficos, el primero basado en la Teogonía de Hesíodo se nos muestra confuso, pues mezcla abstracciones con seres concretos: Nereidas, Titanes, Gigantes, y el segundo, forjado ya en una época helenístico-romana (siglo II a I d.C.), recuerda al Génesis y a tradiciones babilónicas-mesopotámica, como el poema épico de Gilgamesh que menciona a Utanapistim, el <Noé sumerio>. Helos aquí: "Algunos dicen que al principio reinaba la Oscuridad y de la Oscuridad nació el Caos. De la unión entre la Oscuridad y el Caos nacieron la Noche, el Día, el Erebo y el Aire.
La unión de la Noche y el Erebo provocó el Hado (el destino), la Vejes, la Muerte, el Asesinato, la Continencia, las tres Parcas y las tres Hésperides.
La unión del Aire y el Día originó la Madre Tierra, el Cielo y el Mar.
De la unión del Aire y la Madre Tierra surgieron el Terror, la Astucia, la Ira, la Lucha, las Mentiras, los Juramentos, la Venganza, la Intemperancia, la Disputa, el Pacto, el Olvido, el Temro, el Orgullo, la Batalla y también Océano y Metis, y los otros Titanes, Tártaros y las tres Erínias o Furias.
De la conjunción del Mar con sus ríos salieron las Nereidas".

Veamos ahora en segundo: "El Dios de todas las cosas que algunos llaman Naturaleza apareció de pronto en el Caos y separó la tierra del cielo, el agua de la tierra y el aire superior del inferior. Después de desenredar los elementos, los ordenó tal como aparecen en la actualidad. Dividió la tierra en zonas, unas muy calurosas, otras muy frías y algunas templadas; moldeó después las llanuras y montañas e hizo crecer los árboles y las plantas. Sobre la tierra colocó el firmamento en constante movimiento, lo llenó de innumerables estrellas y designó las posiciones de los cuatro vientos. Pobló también las aguas de peces, la tierra de animales y el cielo con el sol, la luna y los cinco planetas y finalmente creó al hombre".

Como puede observarse este último relato es el menos mitológico en el sentido que estamos acostumbrados, aunque no por ello es el menos alegórico, con el objetivo central de cantar las glorias de un Ser Supremo y Creador.

 

 
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