Mitologias
  Provincia de Antofagasta
 

El espíritu de volcán Licancabur

En los tiempos que los incas dominaban el norte y centro de Chile, para calmar los arrebatos coléricos del Dios –ahora apagado-, se echaron a la espalda piedras recortadas y otros presentes para el espíritu de Licancabur, y comenzaron a trepar los 2400 metros de llanura, a la cima misma de 6000 m. construyeron allí sus pircas, depositaron sus ofrendas, hicieron sus oraciones y descendieron con el alma ligera. Los descendientes de aquellos indios todavía temen y reverencian al espíritu del volcán y las gigantescas pircas existentes en su cumbre.

 

El Carbunclo (Carbunco-Clarunco)

a)      Es un animal que tiene la forma de un choclo y posee más de cuatro patas. Tiene coyunturas por las cuales sale una luz que se ve hasta de una legua de distancia. En su interior este animal fantástico tiene mucho oro y otras riquezas.

Es muy difícil atraparlo porque tiene finísimo oído y se cierra cuando siente algún ruido, quedando a oscuras y confundiéndose con una piedra común.

El que tiene la suerte de tomarlo, queda rico, tiene la fortuna en sus manos.

b)      Es un pequeño cuadrúpedo del tamaño de un gato. Dicho animal lleva debajo de la barba un mechón luminoso. El que se hace dueño de dicha barba luminosa no conocerá la pobreza. A muy pocos es dado hacerse de tan preciado amuleto.

 

El Alicanto

Es un pájaro que se alimenta de oro o de plata y cuyas alas fosforecen durante la noche; éstas despiden aureos destellos, si el animal come oro; o argentados, si es goloso de plata. El Alicanto, a causa de sus comidas tan pesadas, no puede volar. Los que divisan un Alicanto en su camino y deciden seguirlo, seguros de que los conducirá a un fin venturoso de fortuna, deben actuar con muchas precauciones para no ser advertidos por el pájaro porque éste es muy celoso, pliega las alas brillantes si descubre que le persiguen, confundiéndose en las sombras y desorientando al minero avaricioso.

 

La Lola

En una provincia de Antofagasta, en la época de los descubrimientos, fue muy conocida una mujer de rara belleza llamada Lola. Para el que no la conocía, su fama misteriosa y vaga, era como una mujer de embrujo.

Su padre, llamado Pedro, vivía para cuidar a su hija y distanciarla de sus enamorados. Este hombre era conocido por el apodo de “Vagabundo”, por sus búsquedas de minas en una época, y después por sus viajes por la costa en un barquichuelo de su propiedad.

La hija, vijilada de cerca y de lejos por su padre sembraba entre los hombres ilusiones y desengaños; y entre las mujeres envidias y rencores. Hasta que un día un joven es su preferido, pero él veía en ella la figura querida de una ausente. Pero, llegó la mujer que ocupaba su corazón, y al verse ella desplazada, despechada, pronto se transformó en la más terrible celosa.

Vivian odiando a la rival, que era una hermosa rubia.

Atisbaba día y noche a la feliz pareja y se consumía de celos y pasión

Una noche, descalza y silenciosa, llegó a la pieza donde dormía tranquilamente el hombre que la hacía sufrir y hundió profundamente es su corazón un puñal, y huyó hacia los cerros dando gritos y alaridos.

Al día siguiente, conocido ya el crimen, el padre sale en busca de la hija y el sol, la sed y el silbido del viento terminaron con él.

Después de mucho tiempo regresó ella al poblado victima de la locura, sólo sabiendo reir, hasta que murió.

 

El pueblo de las cabezas
 
En San Pedro de Atacama acampó don Diego de Almagro 18 días en 1536; en 1540, don Francisco de Aguirre aguardó aquí la llegada de don Pedro de Valdivia y, para evitar contratiempos, emprendió la tarea de un degollamiento de notables de un pukará, fortaleza atacameña vecina.
Cuando don Pedro de Valdivia llegó, su lugarteniente le mostró 25 cabezas que pertenecían a cabecillas rebeldes del pueblo vecino. En recuerdo de este degüello, los atacameños hablaron mucho tiempo del pueblo de Las Cabezas que, según parece, no fue otro que el pukará de Quitor.
 
Los hermanos José y Manuel.
 
En Toconao, a orillas del tranque se armaron en pelea dos hermanos, José y Manuel Chocorba, todo esto originado por una mercadería que debían vender en el pueblo de Socaire.
José empujó al tranque a Manuel y éste, desesperado, le hacía señas que lo sacara. José, arrepentido y desesperado, trató de sacarlo y pereció también.
Desde ese día para San José y para San Manuel se ven brazos que hacen señas en la noche y la arena se pone más resbalosa que de costumbre, a la vez que corre mucho viento.


El huerto invisible
 
Un arriero llegó a un pueblo montañés que no conocía, tomó fruta de un huerto y, al llegar a Toconao, convidó esas dulces uvas a sus amigos. Estos quisieron conocer el huerto que las daba. Llevados por el arriero llegaron al sitio indicado, pero sólo encontraron tierra del desierto, piedras y ruinas de un caserío que debió pertenecer a una civilización perdida en el tiempo
 
La cadena del Inca
 
En la laguna de Chiu-Chiu, cuyo fondo nadie ha podido encontrar, los hijos del incanato lanzaron una cadena de oro, para ocultarla de los españoles y aquí se halla hasta ahora.
La cadena es la se usaba en el Cuzco para contener a la gente en las procesiones de la coricancha.
 
El zorro y la piedra
 
En Caspana, el zorro apostó con una piedra en lo alto de un cerro que él era más rápido para llegar abajo al agua.
El zorro salió disparado corriendo cerro abajo y la piedra le seguía despacio por atrás. El zorro iba en la mitad y se puso a mirar si venía la piedra. Le iba ganando, porque la piedra venía despacio, pero la piedra comenzó a arrastrar a otras piedras que corrían juntas y aplastaron al zorro, así la piedra le ganó la apuesta.
 
Las tres ciudades sagradas
 
En Toconao, dicen que hubo tres ciudades, cuando los abuelos eran más fuertes: una era Toconao, que en lengua cunza significa rincón perdido; la otra está en el cerro Quimal, y la tercera se escondió hacia la meseta de la cordillera. Como la tercera se escondió, solo quedaron dos. Pero de ambas sobreexiste Toconao. La ciudad de Quimal se ocultó si perderse, porque en ciertos días del año aparece y se ve claramente situada en la cumbre del cerro. Entonces es posible observarla desde distintos lugares. Y ahí se ven de nuevo sus grandes construcciones pétreas envueltas en una luz de fuego. Y aparecen sus grandes árboles y todo lo que ella contiene.
Así se queda visible para todos por mucho tiempo sin que sus formas pierdan la realidad. Hasta que alguien, atraído por su fantasía, quiera subir a tocarla. Y sólo entonces torna a desaparecer, hasta que las condiciones de tranquilidad le vuelven a ser favorables.
Aparece y desaparece, como la ambición humana.
 
El paso del Diablo
 
A orillas del río Loa en Chiu-Chiu, existe el llamado Paso del Diablo, por donde nadie transita después de las doce de la noche, porque del río sale el diablo con un cuchillo en la boca bailando y convidando a irse con él a todos los que encuentra a su paso.
 
El Diablo en la Laguna Ojo de Mar
 
En la laguna denominada Ojo de Mar, en Chiu-Chiu, sopla un fuerte viento que empuja hacia ella. Este viento es el diablo que desea llevarse con él a los curiosos, y el que logra caer en sus brazos no vuelve jamás porque lo arroja al fondo de este ojo que no tiene fondo.
 
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