Mitologias
  Folklore y Mito
 
FOLCLORE Y MITO

 

EL estudio del cuento folclórico y del folclore en general tiene mucho valor para el estudioso del mito, ya que no sólo podrá ver que los principios que rigen el folclore son idénticos a los del mito, sino que además obtendrá grandes conoci­mientos de los métodos que utilizan las personas que trabajan en este campo tan cercano en el ámbito de la tradición.

Mucha gente considera a la mitología como una mera rama del estudio más amplio del folclore; sin embargo, en las definiciones incluidas en el primer capítulo de esta obra, hemos dicho que la mitología es «el estudio de una forma primitiva o temprana de reli­gión en tanto era una fe viva» y que el folclore es «el estudio de la religión y las costumbres que aún se practican». A continuación, examinaremos las obras de grandes expertos en materia de folclore y veremos qué han dicho acerca de este tema tan interesante.

Sir George Gomme, en su Folclore como Ciencia Histórica (pág. 148), afirma: «El cuento folclórico es secundario al mito. Es el mito primitivo separado de su lugar primitivo. Se ha convertido en parte de la vida de la gente, independientemente de su forma y objeto primarios y en un sentido diferente. El hecho mítico o histó­rico ha sido opacado o desplazado de la vida del pueblo. Sin em­bargo, el mito sobrevive a través del afecto de la gente hacia las tradiciones de sus mayores. Les gusta contar historias que sus ancestros respetaban como mitos, aun si las historias han perdido su significado más antiguo e impresionante. Su escenario artístico, originado en los años a través de los cuales el mito ha permane­cido, actualizado por la mente de aquellos que lo han pasado a otros y embellecido a lo largo de las generaciones, ha contribuido a su vida. Ha pasado a ser el cuento de hadas o el cuento para ni­ños. Se cuenta a gente mayor, no como una creencia sino como algo en lo que en otra época se creía; se cuenta a los niños, no a los hombres; a los amantes de la novela, no a los amantes de lo desco­nocido; lo cuenta la madre o la nodriza, no el filósofo o la sacerdo­tisa; en el ambiente acogedor de la vida hogareña o en la guardería infantil, no en la santidad silenciosa de un gran milagro.»

Para dar una definición estricta, Sir George Gomme afirma: «El mito pertenece a los estadios más primitivos del pensamiento humano y constituye la explicación reconocible de algún fenó­meno natural, algún objeto olvidado o desconocido del origen de la humanidad o algún hecho de influencia duradera; el cuento folclórico es lo que sobrevive del entorno cultural de una fase más avanzada y trata hechos o ideas de épocas primitivas como expe­riencias o episodios en la vida de seres humanos indeterminados; la leyenda pertenece a un personaje, lugar o hecho histórico. Éstas son definiciones nuevas y se sugieren para poder dar alguna exac­titud a los términos utilizados. Todos estos términos (mito, folclore y leyenda) ahora se usan indiscriminadamente sin gran distinción. Estos tres términos constituyen un patrimonio que realmente debe­ría aplicarse; pero no es posible a menos que nos pongamos de acuerdo sobre una definición concreta para cada uno.»

Dean Macculloch en su valiosa obra Infancia de ficción (pág. 432) dice: «La escuela mitológica representada por las obras de De Gubernatis, Cox, Max Müller, entre otros, ha en­contrado el origen de los cuentos folclóricos en los mitos de la raza aria. Los cuentos folclóricos son los restos de dichos mitos arios, una vez olvidados los mitos en sí mismos. Toda la teoría se desmorona cuando se descubre que en razas no arias se cuen­tan exactamente los mismos cuentos y que los incidentes de esas historias se explican fácilmente por las costumbres e ideas rea­les de pueblos salvajes y primitivos de cualquier lugar. Por otra parte, muchos cuentos folclóricos se originaron como mitos que explicaban costumbres existentes o como un modo de explicar fenómenos que parecían depender de dichas costumbres, y cuando las costumbres caían en desuso, los mitos permanecían como cuentos folclóricos. Los incidentes de los cuentos folclóri­cos existentes también han sido incorporados a diferentes mito­logías (griega, celta, japonesa). De este modo, existe una íntima conexión entre la mitología y los cuentos folclóricos, aunque no del modo en que De Gubernatis y otros imaginaron.» También: «Los cuentos folclóricos tienen una conexión vital con el mito y la saga, si bien dicha conexión dista de la que defendían Max Müller y la escuela mitológica. También puede percibirse otro elemento de conexión en muchos Marchen europeos, en los que los dioses y las figuras míticas de una religión anterior se han transformado en ogros, brujas y hadas, y en los que las costum­bres levemente recordadas de esa religión anterior han propor­cionado elementos para los inventores de historias de épocas posteriores.»

En una nota a su Mitología y Folclore (pág. 7), Sir George Cox comenta su punto de vista filológico de la relación entre mitología y folclore: «Tal vez, puede dudarse si es probable que los términos mitología y folclore mantengan sus significados relativos actuales. Ninguno de estos términos es completamente satisfactorio; pero la distinción entre los cuentos que son susceptibles de análisis filoló­gico y los que no lo son debe mantenerse, de todos modos, como in­dispensable para cualquier tratamiento científico del tema. En su in­troducción a La Ciencia del Lenguaje, Sayce admite que "con frecuencia es difícil marcar el límite entre folclore y mitología para definir exactamente dónde termina uno y comienza la otra, y existen muchas situaciones en las que los dos términos se superponen".

Puede demostrarse que el autor del término folclore, W. J. Thoms (1803-1885), bibliotecario suplente de la Cámara de los Lores y fundador y editor de Comentarios y Preguntas, no quería incluir a la mitología. Afirmaba que quería designar «ese área de estudio de la antigüedad y la arqueología que abarca todo lo rela­cionado con usos y costumbres, con nociones, creencias, tradicio­nes, supersticiones y prejuicios de la gente corriente». Se hace én­fasis en que esta definición no incluía «el estudio de una religión primitiva o antigua en tanto seguía siendo una fe viva».

Sin embargo, el estudio del folclore puede, como se ha dicho, ayudar en gran medida al estudioso de la mitología. Una espada romana o una copa sajona exhumada después de muchos siglos no dejan de ser la espada empuñada por un romano o el vaso del cual bebieron los sajones, únicamente porque hayan pasado siglos desde que fueron utilizadas por sus dueños originales, ni tampoco dejan de darnos información acerca de la vida y las costumbres de aquellos a quienes pertenecieron. Del mismo modo, un cuento o una costumbre muy arraigada en el campo de la superstición pue­den aclarar la religión antigua y, por tanto, el mito antiguo. Mu­chos cuentos folclóricos son mitos «destruidos» pero no todos lo son, ya que muchos fueron inventados para la diversión y la dramatización de un personaje de ficción.

A modo de ejemplo del modo en el cual la creencia folclórica puede influir sobre el verdadero mito, sólo tenemos que observar los cuentos de los caballeros de la Mesa Redonda. Arturo, Merlín y muchas figuras menos importantes de la galaxia de Camelot son en realidad deidades celtas británicas transformadas en caballeros medievales.

 
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